El infinito de ℝ: la diagonal de Cantor
En la lección anterior vimos que llena los huecos que deja. Queda una pregunta enorme: y son ambos infinitos — ¿son el mismo infinito? Cantor probó que no. Y la herramienta es tan simple que parece trampa.
Funciones y biyecciones: qué significa "el mismo tamaño"
Antes de comparar infinitos hay que precisar "mismo tamaño". Una función asigna a cada un único ; su imagen es . Decimos que es:
- inyectiva si elementos distintos van a imágenes distintas (): no colapsa puntos;
- sobreyectiva si : alcanza todo ;
- biyectiva si es ambas —un emparejamiento perfecto, sin que sobre ni falte nada.
Dos conjuntos tienen el mismo cardinal, , si existe una biyección entre ellos. Se exige biyección, y no solo inyección, para que "mismo tamaño" sea simétrico y transitivo: hay que poder ir y volver.
Lo contraintuitivo del infinito: un conjunto infinito puede tener el mismo tamaño que una parte propia de sí mismo. vía , aunque los pares parezcan "la mitad". Eso es, de hecho, la definición de infinito (Dedekind) —imposible para los finitos.
Contar lo infinito
Un conjunto es numerable si tiene el mismo cardinal que : se puede poner en una lista sin que falte ninguno. Numerable no quiere decir finito: quiere decir enumerable.
Sorprende cuánto entra en una lista. es numerable (). Y también: poné cada fracción en una grilla (fila , columna ) y recorrela por antidiagonales —los grupos con , cada uno finito—, salteando las fracciones no reducidas ya vistas. Como cada antidiagonal se agota en finitos pasos, todo racional aparece tarde o temprano. Es decir:
Densidad cardinalidad. Que entre dos racionales haya infinitos más no hace a más grande que : es denso y numerable. Cuán apretado está un conjunto y cuántos puntos tiene son preguntas independientes.
Uno esperaría que también entre en una lista. La intuición falla.
El teorema
Teorema (Cantor, 1891). El intervalo no es numerable. Por lo tanto tampoco.
Alcanza con : si ni siquiera ese pedacito entra en una lista, completo menos todavía.
La demostración
Es por contradicción. Supongamos que sí fuera numerable. Entonces podríamos listar todos sus elementos, cada uno por su expansión decimal:
Ahora fabricamos un número mirando solo la diagonal: para cada elegimos distinto de . Probalo — cada vez que regenerás la lista, se las arregla para no estar en ella:
Supongamos que toda la lista de reales de [0,1] cupiera acá:
Construimos d recorriendo la diagonal y cambiando cada dígito (regla: si es 5 ponemos 6, si no ponemos 5). Por construcción, d difiere de x₁ en el dígito 1, de x₂ en el dígito 2, de xₙ en el dígito n — de cada número de la lista en al menos un lugar. Entonces d no está en la lista… pero d ∈ [0,1]. La lista nunca pudo ser completa. [0,1] no es numerable.Probá “Regenerar”: pase lo que pase en la lista, d siempre se escapa.
¿Por qué funciona? Por construcción, para todo . Entonces:
difiere de todos los números de la lista en al menos una posición. Pero es un número de perfectamente legítimo. Conclusión: no estaba en la lista, aunque la lista supuestamente los tenía a todos. Contradicción. La lista nunca pudo existir.
Un detalle fino: para evitar la ambigüedad , elegimos los dígitos sin usar nunca ni (en el interactivo, la regla manda a o ). Así la expansión de es única y la comparación dígito a dígito es legítima.
La consecuencia
Hay (al menos) dos tamaños de infinito:
Y acá viene el golpe. es numerable; no. Si los irracionales también fueran numerables, entonces sería unión de dos numerables — y por lo tanto numerable. Absurdo. Luego:
Los irracionales no son un puñado de rarezas como , o : son la mayoría aplastante de la recta. Los racionales, con todo lo densos que son (están entre dos reales cualesquiera), forman apenas un polvo numerable sobre un continuo que no lo es. Los huecos que tapamos para construir eran, de hecho, casi todo.
Esto anticipa la integral de Lebesgue: por ser numerable, tendrá medida cero —cero longitud total—, y toda la "masa" de la recta vivirá en los irracionales. Que un conjunto infinito pueda medir cero es la primera señal de que cuántos puntos hay y cuánto miden son cosas distintas.
El argumento de la diagonal no termina acá: es la misma maquinaria detrás del teorema de Cantor (), de la incompletitud de Gödel y del problema de la parada de Turing. Aprendiste un truco que reaparece en toda la matemática del siglo XX.