Topología y compacidad
En espacios métricos vimos que con una sola función de distancia aparecen las bolas. La topología es el paso siguiente: olvidarse de los números y quedarse solo con qué conjuntos son abiertos. Sobre esa noción mínima se reconstruyen el límite, la continuidad y —el premio mayor— la compacidad, la propiedad que hace existir los óptimos.
Abiertos, cerrados y la frontera
La bola abierta es el ladrillo. Con ella:
- es un punto interior de si alguna bola alrededor suyo entra entera en : con .
- es abierto si todos sus puntos son interiores.
- es cerrado si su complemento es abierto.
Movés el punto y mirás las tres posibilidades —dentro, en el borde, fuera:
Un conjunto es abierto si todos sus puntos son interiores (siempre cabe una bola). Es cerrado si contiene su frontera. El disco unitario cerrado incluye su borde ∂S, así que es cerrado; el disco abierto lo excluye, y es abierto.
La distinción no es "con borde o sin borde" en el sentido vago: es si cabe una bola. En un punto interior siempre cabe; en uno de la frontera, ninguna bola se queda del todo adentro (toca y su complemento a la vez).
Puntos límite y clausura
Un punto es punto límite (o de acumulación) de si toda bola a su alrededor contiene puntos de distintos de :
no necesita estar en : es un punto al que se acerca arbitrariamente. La clausura es junto con todos sus puntos límite. Y la caracterización que lo conecta todo:
"Un cerrado atrapa sus puntos límite": esa frase, que usamos al demostrar Weierstrass, es exactamente esto.
Cubrimientos y compacidad
Acá aparece la idea más profunda del capítulo, y la menos intuitiva al principio. Un cubrimiento abierto de es una familia de conjuntos abiertos cuya unión contiene a . Un subcubrimiento finito es elegir finitos de ellos que ya alcancen para cubrir .
es compacto si todo cubrimiento abierto admite un subcubrimiento finito.
Lo desconcertante es el "todo": no basta que algún cubrimiento se pueda recortar a finitos; tiene que poder siempre. Para ver que algo no es compacto, alcanza con exhibir un cubrimiento sin subcubrimiento finito. Mirá cubierto por :
La unión de los primeros es : siempre deja afuera . Como para todo , ningún número finito de ellos cubre . No es compacto — y el culpable es el , punto límite que no contiene (no es cerrado).
El teorema de Heine-Borel
En general, compacidad es algo abstracto. En se vuelve concreto y verificable:
Heine-Borel. Un conjunto es compacto si y solo si es cerrado y acotado.
Por eso es compacto (cerrado y acotado) y no (no es cerrado), y tampoco (no es acotado). Es la herramienta que vuelve usable la compacidad: en lugar de revisar todos los cubrimientos, chequeás dos cosas.
Ambas direcciones tienen prueba, y vale la pena ver el mecanismo:
Compacto cerrado y acotado (en cualquier espacio métrico). Acotado: las bolas con cubren ; por compacidad bastan finitas, cuyos centros y radios meten en una bola grande. Cerrado: dado , separá de cada con bolas disjuntas de radio ; finitas cubren , y el menor radio da una bola en que no toca —así es abierto.
Recíproco (Heine–Borel, propio de ). Un cerrado y acotado vive en una caja . La caja es compacta por bisección: si tuviera un cubrimiento sin subcubrimiento finito, partiéndola en subcajas, una también lo tendría; repitiendo, los tamaños y se llega a un punto que ningún abierto puede cubrir —contradicción. Y un cerrado dentro de un compacto es compacto.
Heine–Borel falla fuera de . En dimensión infinita, "cerrado y acotado" ya no implica compacto: la bola unidad cerrada de un espacio de Hilbert de dimensión infinita es cerrada y acotada pero no compacta. La dimensión finita es la hipótesis oculta.
Bolzano–Weierstrass
Una consecuencia que se usa en todas partes:
Bolzano–Weierstrass. Todo subconjunto infinito y acotado de tiene al menos un punto límite. Equivalente: toda sucesión acotada tiene una subsucesión convergente.
Prueba. Sea infinito y acotado, contenido en una caja (compacta por Heine–Borel). Si no tuviera punto límite, cada tendría una vecindad con a lo sumo un punto de ; esas vecindades cubren , y por compacidad bastan finitas —pero entonces , cubierto por finitas vecindades con punto cada una, sería finito. Contradicción.
Es el motor detrás de "toda sucesión acotada tiene una subsucesión que converge", un ladrillo que reaparece en innumerables pruebas de existencia.
Tres propiedades que vamos a usar
- Compacto cerrado y acotado (en cualquier espacio métrico; el recíproco es Heine-Borel, válido en ).
- Un cerrado dentro de un compacto es compacto. Recortás sin perder la propiedad.
- La imagen continua de un compacto es compacta (lo vimos en continuidad): es el corazón de Weierstrass.
Con esto, la cadena del teorema de los valores extremos cierra sin huecos: compacto compacto cerrado y acotado tiene supremo (Cap. 1) y lo contiene (cerrado) el máximo se alcanza. La compacidad es el ingrediente que convierte "el conjunto de valores está acotado" en "existe un punto donde se realiza el óptimo".
Conjuntos perfectos y el conjunto de Cantor
Un conjunto es perfecto si es cerrado y no tiene puntos aislados (todo punto suyo es punto límite de él). El ejemplo canónico —y el contraejemplo recurrente de toda la teoría de la medida— es el conjunto de Cantor : sacá de el tercio central abierto , después los tercios centrales de los dos pedazos que quedan, y así indefinidamente; es lo que sobrevive a todos los pasos. Tiene cuatro propiedades que no deberían convivir:
- Compacto (cerrado y acotado).
- Perfecto (los extremos de los intervalos nunca se quitan y se acumulan unos sobre otros: ningún punto queda aislado).
- De medida cero: la longitud total removida es , así que lo que queda mide .
- Pero incontable: cada punto de se codifica por sus elecciones izquierda/derecha en cada paso —una sucesión binaria infinita—, y de esas hay incontables (diagonal de Cantor). Mismo cardinal que .
Cantor desacopla cardinalidad y medida: es tan grande como en número de puntos, pero "invisible" en longitud. Es el primer aviso de que cuántos puntos hay y cuánto miden son preguntas independientes —el puente directo a la integral de Lebesgue.